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Eyeball Tattoos: la visión de un tatuaje peligroso

Aunque parezca fuera de las preferencias comunes, los tatuajes en los ojos han elevado, contra todo pronóstico, las preferencias entre los amantes de la tinta.


Cubrir la membrana ocular de color no es una moda reciente, pues se ha utilizado en diferentes épocas, incluso es una forma de solucionar problemas estéticos relacionados con afectaciones o enfermedades del ojo.


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Un artículo de la BBC asegura que el filósofo y médico Galeno, ya hablaba del teñido de iris en el año 150 d. C., lo cual confirma que se trata de una práctica muy antigua.


En 2015, la impactante imagen de Jason Barnum, un estadounidense acusado de intento de homicidio, quien mostraba un ojo totalmente negro, el cual complementaba el tatuaje de diseño de calavera que le cubría la mitad del rostro, contribuyó a que medios y opinión pública comenzaran a hablar un poco más de este tipo de procesos.


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Y es que, a menos que alguien quisiera proyectar una imagen tan perturbadora, parecería difícil querer arriesgar de esa forma este órgano.


Sin embargo, quien rescató esta tendencia fue el tatuador Luna Cobra, quien lo hizo influenciado por la película “Dune”, de David Lynch.


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En aquella cinta, los protagonistas lucían unos ojos completamente azules, lo cual llamó la atención de Cobra, quien quiso llevar esto a la realidad y a la permanencia.


La inyección de pigmento se realiza directamente en el ojo, bajo la membrana conjuntiva, que protege el globo ocular.


El tratamiento, conocido como Eyeball Tattoo, debe ser realizado por manos expertas, pues, de lo contrario, las consecuencias serían demasiado peligrosas.


Entre los principales riesgos de un tatuaje de córnea mal realizado se encuentran las infecciones que, de no tratarse, comprometerán seriamente las funciones del órgano.



Igualmente, la inyección de tinta es potencialmente dañina en ciertos vasos capilares, lo cual puede provocar una hemorragia subconjuntival, la cual requerirá de un tratamiento médico oportuno.


Finalmente, la inflamación e irritación son dos aspectos que pueden provocar un daño irreversible o temporal en la zona.


Los riesgos que implica este tratamiento debe poner a pensar al interesado, al menos dos veces, si está dispuesto a comprometer el globo ocular sólo por cambiar el color del mismo.

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