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El eterno y aburrido prejuicio laboral del tatuaje

Pocas cosas son más intolerables que las personas intolerantes. Especímenes que acostumbran darse banquetes de prejuicios, críticas infundadas e ignorancia de estilo medieval.


Desafortunadamente, el mundo está plagado de ellas.


Estas personas se han encargado de fomentar creencias que nacen a partir de la nada. Una de ellas es el estigma del tatuaje como obstáculo para que las personas trabajen o alcancen el éxito laboral.


Tanto en México como en países más desarrollados persiste la idea de que las personas tatuadas están incapacitadas o no cumplen con las competencias necesarias para cubrir una vacante, aunque esto, como todos sabemos, no tiene nada que ver con las habilidades de trabajo de ningún individuo.


En Estados Unidos, por ejemplo, un estudio desarrollado por skinfo.com asegura que hay 45 millones de ciudadanos tatuados, los cuales tienen una alta probabilidad de sufrir algún tipo de discriminación al momento de solicitar un trabajo.


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De acuerdo con este documento, un 37% de reclutadores confiesa que los tatuajes son la tercera razón por la cual deciden no contratar a alguien.


Sin embargo, estos estigmas tendrán que borrarse por la fuerza que imprimen las tendencias sociales y los cambios demográficos. Basta considerar un estudio realizado por el Centro Pew de Investigaciones, de Estados Unidos, el cual encontró que el 38% de las personas de entre 18 y 29 años cuenta con algún tatuaje.


En México no es menor la estadística del prejuicio.


El Gabinete de Comunicación Estratégica publicó hace un par de años un estudio en el que detectó que el 74.2% de las personas con tatuajes o con perforaciones ha sentido algún tipo de discriminación por parte de reclutadores o jefes de trabajo.


La estadística habla de un elevado margen para la época en la que vivimos, en la que organizaciones como el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación han tomado cartas en el asunto cuando se trata de casos de discriminación por apariencia física.


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Un incidente muy sonado se vivió en 2014, cuando al grupo de rock mexicano Panteón Rococó se le negó abordar un avión de Interjet, por no cumplir con absurdas políticas que solicitaban a sus clientes cubrir con ropa sus brazos en caso de estar tatuados.


La aerolínea se vio obligada a solicitar una disculpa, tras la denuncia pública que hizo la banda y que se viralizó en redes.


En lo que se refiere a las áreas de trabajo en donde no se permite el ingreso debido a los tatuajes, podremos enumerar instituciones públicas en primer lugar, como el ejército o los cuerpos de policía.



Asimismo, no son pocas las tiendas de autoservicio, departamentales, restaurantes y otros establecimientos que solicitan a sus empleados cubrir sus tatuajes. Un prejuicio que, aunque no compartan, sí alimentan con ese tipo de medidas.


Y que instituciones, como la mencionada Conapred, permiten que se mantengan.


Aquí cabrían un par de preguntas: ¿una aerolínea no puede discriminar a una persona por sus tatuajes, pero los reclutadores y jefes laborales sí pueden reprimir a los empleados que los llevan? ¿No es eso caer en una marcada doble moral?

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